Max

Para un caballo, el destino puede seguir múltiples caminos. Desde ser un caballo de tanda para las clases de una hípica, un caballo familiar de paseo, un gran campeón de concurso… La mayoría pasa por más de tres o cuatro dueños en su vida, cada dueño con distinto propósito para el caballo.

En el caso de Max, uno de sus destinos fue ser caballo de prácticas para alumnos de veterinaria. Max probó, lo intentó, pero no pudo soportarlo como sus compañeros.

Pudo haber sido un buen sitio para vivir toda su vida, una granja donde iba a estar caliente, con la mejor comida, compañeros y solecito diario. Sólo tenía que dejarse llevar por las prácticas veterinarias dos veces al mes. Podría haberse jubilado allí de viejo. Pero Max no lo soportaba, y aunque al principio mostró su descontento, nadie lo notó.

Así que este caballo blanco de raza española tuvo que recurrir a otros métodos para que le hicieran caso.
Mordiscos por aquí, patadas por allí. Max consiguió que lo dejaran en paz un tiempo hasta que decidieran que hacer con él. Y llegó el día, sentenciado como caballo peligroso fue condenado al sacrificio.
Por suerte hay gente piadosa en todas partes y le encontraron un destino mejor.

Después de un rato de que las visitas y los nuevos voluntarios pasen un tiempo con él, les digo que es agresivo. Sus caras de incredulidad me confirman que su condena fue un error y que este caballito tiene mucho amor que ofrecer.

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